Ficción

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez. Lo bueno se hace esperar. Pero no todo lo que se hace esperar es bueno. Tengan esto presente.

Todo empieza en noviembre de 2011. Me llaman por teléfono desde un prefijo madrileño. ¿Será el Ikea?, ¿quizás el Mercadona?. Nada más erróneo, pues el que llama, lejos de ofrecerme trabajo, me exige dinero. Lo asumo con una sonrisa, y me pregunto quién estará detrás de éste en la fila de presuntos acreedores. En cuanto a los acreedores los clasifico en presuntos y ficticios. Delante del presunto acreedor nos encontramos al presunto deudor. Delante del ficticio acreedor me encuentro yo preguntándome: ¿quien coño está repartiendo, que no ha barajado las cartas?. Al meollo del embrollo.

- Buenaaaas…
- Buenos días, ¿el señor Eduardo Campaña?
- Buenos días. Presente.
- ¿Es usted Eduardo Campaña, con DNI terminado en “X”?
- Pues sí.
- ¿Y ese DNI empieza por “Y”?
- Sí, ese también soy yo.
- Le llamamos de Orange.
- Bueeeno carallo bueno.

Me pregunta mi domicilio. Les digo que he cambiado de dirección mientras repaso mentalmente el árbol genealógico de mi interlocutor. Me dicen que tengo una deuda de unos tres meses por un contrato de internet. Ya he llegado a los padres de sus tatarabuelos. Les digo que yo poseía un contrato con ellos, pero que hice un cambio de titular que me confirmaron hace unos tres meses. Me dicen que me han emitido facturas y avisos por escrito a mi dirección. “Como les he comunicado, ya no vivo en A Coruña”. No no no, que me las han enviado a mi dirección en Sevilla. ¿What?, ¿Sevilla?, ¿WTF?. Les pregunto que coño es eso de Sevilla, y me responden que es la dirección que les consta como domicilio para el que se ha solicitado el servicio de internet. ¡Joder, que susto!. Pues nada, amablemente les comunico que se han equivocado, que ese contrato no es mío, que yo no vivo en Sevilla ni la he pisado jamás.

- Hasta lueg…
- ¡Vaya!, ¿pero no es usted Eduardo Campaña con DNI X?.
- Sí, pero ese contrato no es mío.
- Pues señor Campaña, lo tenemos a usted como titular de la cuenta.
- ¡Vaya!, me importa bastante poco. Les digo que yo no tengo absolutamente ninguna relación contractual con ustedes en este momento.

Entonces me comunican que en caso de que yo esté seguro de que se trata de un error me dirija a tal número y que explique la situación y a ver si se soluciona. Les pregunto todo lo apaciblemente que puedo, después de que me hayan jodido la siesta, la razón de que yo tenga que dirigirme a nadie para subsanar un error suyo. Me dicen que, o me muevo, o en dos días se pasa el caso a la asesoría jurídica para proceder por vía judicial. Pues nada, en conocimiento del enredo que supondría eso, habrá que llamar para aclarar el tema. Total que al día siguiente llamo y después de tres operadores, a los que tres veces les he relatado la simpática confusión, me terminan pasando con una que me dice que espere, sí, que va a preguntarle al jefe. Veinte minutos de música con estribillos pegadizos como “Siga a la espera por favor” o “Estamos consultando su situación”. Para terminar con un: “Disculpe, pero el personal de X departamento se encuentra muy ocupado en estos momentos, ¿le importaría llamarnos en unos minutos?.

Llamo transcurridas unas horas. Mismo proceso, misma música. Finalmente me dicen que sí, que parece que figura un error con la línea, y que aparece ya una incidencia, como perteneciente al verdadero titular de la línea, reclamando una solución. Pues nada, dilucidado el asunto, me dice alegremente la señorita, con ese orgullo en la voz que aporta el trabajo bien hecho, que no me preocupe que eso lo arreglan en unos días. Le solicito el número de incidencia a modo de seguro. Me lo da, pero me insiste en que no me preocupe. ¿Alguna consulta más?, gracias por su preocupación, buenas tardes, buenas tardes.

Enero. 2012. El panorama nacional es desalentador, y en Madrid hace un frío de cojones. Suena el teléfono. Asesoría jurídica de Orange. Le llamamos para comunicarle que si antes del día 31 no abona la deuda que se le reclama, procederemos a reclamársela por vía judicial, al tiempo que se le incluirá en una lista de morosidad pública. Bueeeno carallo bueno…

Etiquetado , , , ,

Propaganda

Esta vez vengo a hacer un poco de propaganda, ya que estamos en campaña electoral, y a pedir el voto.

Hace poco que he empezado a estudiar Derecho, y me gustaría hacer una reflexión en relación que me ha parecido interesante. Espero que no se os haga muy pesada.

Primero decirles que entendemos como Derecho la ciencia que estudia y ordena el comportamiento del hombre en una sociedad.

Como a algunos les sonará, el Derecho Romano es la base del Derecho español, y de la mayoría del Derecho europeo. Se considera clásico porque debido a sus características es digno de estudio e imitación. Estos romanos tenían pues un Derecho muy curioso. Se dice que eran el pueblo del Derecho, pero no de la ley. ¿Cómo se entiende esto?. No gustaban de tener por escrito las normas. Publicaron “cuatro” normas en los inicios más remotos de su imperio, que utilizaron en conjunto con las costumbres jurídicas, para resolver las diferentes cuestiones que se iban planteando. Se dedicaban entonces a coger estas “cuatro” normas y esas costumbres no escritas para, mediante estudio, extender soluciones del Derecho a todos los ámbitos necesarios. Que lo mismo te expropio una finca, que te juzgo por hurto, por arte de mi interpretación. Usaban mucho la analogía para resolver casos similares entre ellos.

Decían estos romanos que no querían ni leyes ni definiciones, pues entendían que cuando una ley estaba escrita era inevitable, cuando algo estaba definido ya era difícil que esa definición cambiase, y que por lo tanto la evolución del Derecho estaría así limitada. Ellos preferían interpretar sus cuatro normas y, a medida que fuese necesario, seguir creando más Derecho, de forma que les diese más libertad y facilidad a la hora de ser justos en sus resoluciones.

Pues quiero hacer una analogía de las que practicaban estos romanos. Quiero equiparar estas definiciones con las ideologías. Si hemos comprendido que las definiciones limitaban la libertad de ser justos con el Derecho, podemos decir que las ideologías limitan la libertad de ser justos con las ideas. Una ideología nos condicionará siempre a querer encajar cierta idea en un lado o en otro, en la izquierda o en la derecha, dejando de apreciar así la propia idea, que debería ser únicamente valorada en el aspecto de si es correcta o incorrecta, de si es útil o inútil, de si es válida o inválida, etc.

Unión, Progreso y Democracia (UPyD) se nos presenta como un partido sin ideologías, un partido transversal, que acepta las ideas vengan de donde vengan basándose únicamente en la valoración crítica de las mismas sin necesidad de encajarlas en esta izquierda o en aquella derecha. Hay quien critica esta postura, diciendo que es que no se quieren mojar. ¿Pero no es más cierto que, haciendo uso de la analogía anterior, es preferible este planteamiento?. Tener la libertad de aplicar las políticas que consideramos justas sin someterlas a un juicio ideológico nos proporciona más posibilidades de aplicar una política correcta. Podríamos encontrarnos incluso ante un futuro clásico de la política, un modo de hacer política digno de estudiar e imitar, al menos en España. Que no estamos aquí descubriendo la penicilina. Pero da la impresión de que en España, en esto de política, se nos ha olvidado ya, que hace miles de años habíamos inventado la rueda.

Pues yo creo que esta defensa de no ideologías es algo positivo a tener en cuenta a la hora de votar a UPyD. Presumen de hacer lo que dicen, y cuando digo presumen, es que pueden demostrar que lo que han dicho lo han hecho. Defienden la igualdad de todos los ciudadanos en todo el territorio. Han propuesto en el Congreso terminar con los privilegios políticos, con la discriminación de las personas en función del idioma utilizado, con una sanidad y una educación igual para todos. Eliminar duplicidades en las instituciones públicas, reformar el Senado, y en caso de que no se pueda reformar, simplemente sacárnoslo de en medio. Yo no se si son ideas de la izquierda o de la derecha, pero creo que son buenas ideas, nuevas ideas, y creo sobre todo, y esto es lo que me empuja a votarlos, que tienen la voluntad de llevarlas a cabo.

Si les ha ayudado esta entrada a conocer mejor este partido me doy por satisfecho. Si les ha impulsado a votar a UPyD sería la repanocha. Y si no les ha gustado, pues se joden, en el título ponía muy claramente “Propaganda”.

Les dejo, por último, con un spot muy cortito que han elaborado para la campaña.

Etiquetado , , , , , ,

Pan

¡Recórcholis!, que insistente la gente con que escriba más en el blog. ¡Pues ahí va!… Como se nota que pedir es gratis.

No me he comprado nada nuevo, bueno, nada apasionante como mi último ambientador. Lo único que he hecho ha sido trabajar, -trabajar mucho, de hecho-, y cuando he terminado de trabajar me he puesto a estudiar, -estudiar mucho, por cierto-. Pero ha sucedido algo. Algo insólito. Ha abierto un negocio debajo de mi casa. Increíble. Yo pensé que en España ya sólo se llevaba eso de cerrarlos. Hay gente pa’ to’.

Pues eso, han puesto una panadería, ¡y con panaderos que hacen pan!. De donde yo vengo los panaderos desarrollan otras labores. Total, que ya tengo otro negocio donde gastar el dinero los domingos aparte de la franquicia internacional Frutos secos y alimentación. Si es que en España hacen falta más patriotas trabajadores, como estos buenos conciudadanos asiáticos.

Yo no comía pan, o no acostumbraba a consumirlo a diario. Pero, ¿qué puedo hacer ahora, cuando cada vez que me acerco a casa me lo restriegan por todo el rostro?. Pues entro, claro que entro. Y compro, por supuesto que compro. Y me arrepiento, por descontado que me arrepiento. Con lo que engorda el pan. Pero he de decir que es una panadería un tanto particular. Sí, sí. Particular. Como el patio de mi casa. Bueno, el patio de mi casa es de la comunidad. A lo que íbamos. Estoy seguro que he comprado la misma barra de pan, en tres ocasiones, con tres nombres diferentes, -la barra de pan, yo me hago llamar siempre por el que figura en el DNI-, y es más, ¡tres precios diferentes!. Se aprecia en este negocio una fluctuación y constante evolución del mercado. No se crean ustedes que yo compro en cualquier negocio de barrio, donde la barra de pan cuesta las sesenta pesetas de toda la vida.

Después de treinta y siete segundos y medio de reflexión, he elaborado una hipótesis: la barra cambia de nombre y precio, evidentemente, dependiendo de la nacionalidad de origen de la dependienta que me atienda ese día. Cosas de la diversidad cultural y el cambio de divisa. Si la dependienta es, por ejemplo, madrileña, me venderá la barra como gallega, pues bien sabido es que el pan gallego goza de prestigio en toda la meseta, y a un precio nada despreciable de 1,15€. Si se da la casualidad, -que no por casual podemos decir que sea inusual-, de que la panadera sea gallega, nos la venderá como barra rústica, pues está bañada en harina, y nos la dejará al precio de 1€, que el gallego es muy indeciso para andar poniéndole céntimos. Pero si la tercera dependienta no es originaria del territorio peninsular, como de regiones y nacionalidades en cuanto al pan no entiende, por lo que a ella respecta, la barra será castellana. ¿El precio?, pues el que le venga en ese momento a la cabeza, que lo mismo es 0.80€, como 1,15€, como 2€. ¿Que le pides una barra gallega?, te dice que nada, que lo más parecido es la castellana. ¿Que le pides entonces una rústica?, ni se molesta en explicártelo de nuevo, coge la castellana y te la endilga. Y no es que esté equivocada nuestra tercera dependienta, es que sin duda es la más pragmática.

Si aquí os he relatado la incertidumbre que supone ir a comprar una barra de pan, no os imagináis como me lo estoy pasando estos días, que he decidido probar una bola. Ni siquiera se como se llama en castellano.

Etiquetado , , ,

Ambientador

Hoy me he comprado un ambientador automático.

Según la Wikipedia, la función de un ambientador es “rodear a una persona, situación, etc., de notas evocadoras de algún medio social, época o lugar determinados”. Jamás hubiese pensado que comprarme un ambientador fuese algo tan poético.

Lo de automático ya no tiene tanto de poético como de práctico, y entendemos por automático algo que actúa por si mismo sin manipulaciones externas.

Pero si combinamos las dos cosas nos encontramos con situaciones inverosímiles, como levantarte una mañana sin ese olor a tigre característico que invade la habitación, y en su lugar te despiertas evocando una época y situación determinadas, que tanto podría ser en un paisaje bucólico mientras tu compañera viste unas hermosas prendas señoriales y tu esclavo Sam prepara un pícnic a la orilla de un pequeño río a la vez que suena una divina ballade de Chopin, que el día que se terminen las pilas del ambientador, puedes despertarte en las cuadras de un castillo medieval mientras tu divino señor te azota a latigazos que restallan como pitidos de despertador y te ordena que te levantes y dejes de holgazanear.

Los días de resaca lo más habitual es pensar que me he despertado en otra habitación que no es la mía, ya que ese perfume embriagador de Nenuco difícilmente puede emanar de mi figura (la noche anterior me bebí otra marca de colonia), que todavía lleva los vaqueros puestos por debajo de las sábanas y la camiseta presenta unas extrañas manchas, que después de pasarle la lengua se adivinan como restos de Cubalibre, mientras continúan los efectos del alcohol y la evocación, y ya me estoy imaginando con mi carta de racionamiento haciendo cola en la farmacia de mi barrio para adquirir mi dosis de ibuprofeno.

Ya que en ocasiones los sueños se pueden ver influídos por agentes externos, puede que la experiencia (extra)sensorial empiece incluso durante la noche. Y si encima me presentan un catálogo amplio de perfumes para ir alternando, no quepo en mí de gozo imaginándome la de situaciones novedosas (y evocadoras) que se pueden dar cada mañana en mi habitación.

La reflexión es que, sin lugar a dudas, ha sido una excelente adquisición.

Etiquetado , , ,

Domingo

Domingo. Mediodía. Ballarò.

Mi cabeza va a explotar. ¿Resaca?. No, todavía no. Demasiado estudiar, ¿verdad?. Que va, que va…  ni mucho menos. Quizás sea un simple dolor de cabeza por falta de descanso, ¿has probado a dormir? Sí, he probado. ¿Y nada?. Nada. ¿Entonces qué ocurre?. ¿Que QUÉ ocurre?, ¿¿pero es que no oyes ese ruido??. ¿Esa música?. Música dice, el muy imbécil. Sí, música. Música ahora, que ha cuadrado, pero llevo desde las 10 de la mañana escuchando berrear a toda esta panda de agitadores subversivos en sus fiestas sectarias de los domingos. ¿Es que para esta gente no hay día del Señor?, ¿o de nuestra Señora?. Sólo están celebrando. ¿¡Celebrando!? ¡Yo también celebro!, pero los sábados por la noche, como se ha hecho siempre, de toda la vida… Vamos, como Dios manda. Será su religión. ¿Religión? Pero si se turnan entre indios y africanos, hindúes, musulmanes, y lo que se tercie… el tema es estar dando por culo domingo sí y domingo también. Desde las 10 de la mañana, hasta las 12 de la noche, nada más y nada menos. Tú espérate a que empiece el mundial de fútbol en un par de meses y… ¡descubran las vuvuzelas! ¡¡Estamos perdidos!!.

Me voy a dar una ducha, y a comer algo. Entro en el cuarto de baño y el suelo está cubierto de agua. Las mamparas de la ducha sólo son decorativas. La fregona, ni eso. Parece mentira que sea un invento español. Vivo con tres españoles y no hay ninguno que sepa utilizarla. Yo sé, pero paso. Total, llevo chanclas. Cuelgo la toalla y me meto a la ducha. Agua fresquita, que este calor ya empieza a ser duro. Cuando salgo, las chanclas se han ido flotando hasta la mitad del cuarto de baño. Mierda.

Preparo un poco de pasta, carbonara, y pongo en la mesa el tapper del parmigiano grattugiato. Nunca puede faltar el parmigiano. Por cada 200 gramos de pasta, tienen que ir aproximadamente unos 150 de parmigiano. Llegan mi compañero asturiano y un colega de Cádiz. Mi compañero asturiano pasa la mitad del tiempo fumado. Cuando algo le hace gracia ríe en silencio, pero se le ve la dentadura hasta la muela del juicio. Me recuerda un poco a Pulgoso. El gaditano es tranquilote. También un cocinillas. No le gusta hablar de política, ni discutir sobre nacionalismos. Él se autodenomina ciudadano del mundo. Lo sabemos porque el tema nacionalismos era algo bastante usual en nuestra casa a discutir por mi y mis otros dos compañeros, el de Fisterra y el de Valencia. Ángel y Jose, que así se llaman el asturiano y el gaditano respectivamente, han pasado por Ballarò y se han comprado que si verduras, que si carne, que si esto, que si lo otro. Una veintena de amigos han hecho en el mercadillo. Aparece por la cocina el de Valencia. Se llama Borja. Viene de hablar con la novia por Skype. Cuando los ves juntos, más que novios parecen hermanos. Los dos bajitos, los dos rubios, los dos sonrientes. Parecen sacados de una colección de figuritas de los huevos Kinder. Él se anima a un poco de pasta carbonara, y su correspondiente parte de parmigiano. Se escuchan gritos en el pasillo. “¿Pero qué coño ha pasado aquí?, ¿y esto qué es?”. El Fisterra intentando alcanzar la ducha. El Fisterra es un personaje muy particular, recuerdo que lo primero que hizo al llegar a su habitación fué descolgar el reloj de la pared, para colgar a la Virgen del Buen Suceso que su abuela le había metido en la maleta. “¡Forza Depor! ¡Oeee!”. Aún le dura la de ayer. Hoy nos ponen a las 17:00 al Depor, a las 19:00 al Sporting y a las 21:00 al Valencia. Así que tenemos toda una tarde de domingo de fútbol por delante. Cuando llega Fisterra a la cocina le digo que quizá deberíamos ir a por unas birrillas. Pues sí, dice, porque también va a venir su amigo Anacleto, un skinhead valenciano con su correspondiente esvástica tatuada, a ver los partidos.

Llegamos al Tony’s. Hoy lleva nuestro amigo Tony una camiseta de España. No sabemos como se llama Tony realmente, pero como aparte de africano, africano de Ghana, es un hombre con visión empresarial, sabe que a cuatro españoles borrachos les tiene que dar un nombre pegadizo y sencillo de recordar. El garito es un amago de ultramarinos en donde sólo tiene dos neveras. Una con refrescos. La otra con cerveza. En ocasiones también puedes encontrar a la mujer de Tony, Tony’s wife, cocinando algo en una marmita al más puro estilo galo, encima de un camping gas en medio de la acera. Hemos visto flotar dentro de esa marmita las mezclas más inusitadas de alimentos que te puedas imaginar. Ni prometiéndome la fuerza descomunal de Obelix, me atrevería yo a probar un solo sorbo de esa comida. Ofrecer nos han ofrecido, no te vayas a creer, que Tony es un anfitrión de primera. Pero que no, que no lo pruebo. Total, que a la nevera de la cerveza nos acercamos. Y entre Forst y Moretti, me fijo en una extraña cerveza. La Bear Beer. La Cerveza Oso. Cágate lorito. Le digo a Tony que me deje verla, porque la nevera está cerrada con llave. Le echo un vistazo y leo que la cerveza tiene, aparte de 66cl, una graduación de alcohol del 16%. “Hohohoho”, se nos hace la boca agua. Menudo pelotazo nos vamos a coger esta tarde. De todos modos somos precavidos. Nos llevamos sólo tres por cabeza, no vaya a ser que no nos guste. Y más contentos que unas pascuas nos volvemos a casa.

Nos juntamos los seis en la habitación de Fisterra, que es la más grande. Conectamos Roja Directa, se escucha ese maravilloso sonido de cuando abres las latas y las botellas, y todo el ruido que hacen los indios del oratorio de al lado queda ensordecido por seis españoles viendo el fútbol y bebiendo cerveza.

Y entre que el Depor perdía, el Sporting ni recuerdo que hacía, y el Valencia ganaba, terminamos nosotros perdidos, sin recordar que hicimos, y en el Bingo, a ver si ganábamos.

Etiquetado , , , , , ,

Vuelta

Después de un año en el extranjero, vuelvo a mi país y a mi tierra.

Ha sido un año muy largo. Divertido, diferente, único, entrañable, revelador, tolerante, relevante, optimista, nacional, internacional, nocturno, festivo, alcohólico, universitario, callejero, caluroso, mundial, campeón, italiano, siciliano, exótico, singular, abierto, ilustrativo, experimental… Son algunos de las palabras que utilizaría para describirlo, y sólo sería el principio.

Vuelvo con ganas, pero también con nostalgia. Me recorro ese tramo de autovía que une Palermo con Trapani. Nada más salir de Palermo dejo a un lado Sferracavallo, de donde era nuestro mítico y excéntrico amigo Giuseppe. Pienso en él, en los ocho meses que habían pasado desde la última vez que lo vi… ¿Terminaría en el monasterio donde lo querían internar sus padres cuando se enteraron de que fumaba?, ¿sabrían sus padres lo que fumaba realmente?, ¿sabrían que hacía cosas peores que fumar?. ¡Qué personaje este Giuseppe!. Más adelante veo a mano derecha el aeropuerto de Punta Raisi. Aeropuerto denominado oficialmente, si no me equivoco y aunque duela, Aeroporto di Falcone e Borsellino. Yo en realidad me voy al Birgi Airport, el aeropuerto de Trapani, donde opera Ryanair.

Hace calor, mucho calor, a pesar de que estamos ya en octubre. Que ganas de bajarme en Santiago y que se me hielen las orejas. De soltar una bocanada de aire caliente y que se transforme en vapor delante mía. Es la prueba irrefutable de que has llegado a Galicia. Nunca me ha gustado el calor. No sé porqué siempre termino yendo más al sur. Tengo ganas de llegar a Galicia también para ver a la familia, a los amigos. Para empezar ya ese futuro próximo que tengo tan programado. Soy un impaciente en este aspecto. Aún bien no ha terminado una etapa de mi vida y ya estoy deseando que empiece la siguiente. Ahora mismo tengo en mente conseguir el trabajo ese de dependiente para el que me han llamado, convalidar todas esas asignaturas que me traigo del Erasmus, terminar la carrera en un año, presentar proyecto, y empezar la siguiente etapa. Me voy para un piso con un par de amigos, así que será perfecto. Cerca de la Universidad, para centrarme en estudiar, y con un ambiente cómodo en casa.

Llego al aeropuerto de Trapani, y después de unos minutos esperando me llaman por teléfono. Son unos chicos sicilianos que empiezan su Erasmus en A Coruña, y que a raíz de una amiga en común, hemos quedado para que les eche una mano en sus primeros pasos por España. Yo termino mi Erasmus y ellos lo empiezan. Sólo siento envidia. “Pronto?”, “Ciao Edoardo, sono Piero, l’amico di Valentina, ti ricordi?, abbiamo parlato su Facebook”. Claro que me acuerdo, habíamos hablado ayer. Luego me daría cuenta de que era un poco pesado, le gustaba hablar demasiado. Sobre todo en un viaje en el que yo no deseaba hablar ni escuchar hablar a nadie. “Dove sei?”, me dice. Levanto la vista y veo a un tío con el móvil en la oreja mirando para todos lados. Con él, dos chicos más. Uno, con aires de autosuficiencia, siente vergüenza ajena por los gritos y gestos de su amigo. Éste debe ser Domenico. El otro, muy interesado, presta atención al transcurso de la llamada, no vaya a ser que el español éste haya decidido dejarlos tirados. Éste debe ser con el que yo todavía no había hablado. Le digo que estoy en donde estoy, lo dejo buscar un rato, después de la tercera vez que mira hacia mí levanto la mano para que se de cuenta de que soy yo con el que está hablando por teléfono. Vienen los tres. Se presentan, me presento. El tercero se llama Andrea. De entrada me parece el pardillo del grupo, quizás una imagen forzada por la actuación de los otros dos.

Piero, el pesimista. Todo le preocupa. ¿Y si se cae el avión?, ¿y si no llegamos al vuelo que sale de Madrid hasta Santiago?, llegamos a Santiago a las 23:00, ¿habrá manera de viajar directamente a A Coruña a esas horas?. ¿Y si mañana no podemos ir a la Universidad a arreglar los papeles, tendremos que volvernos a Italia?. Le digo que no se preocupe. Me dice que no se preocupa hombre, pero que bueno, estas cosas hay que pensar en ellas.

Domenico, el presuntuoso. “Dai, Piero, ferma zitto. Senti Edoardo, ho guardato qualche hotel per andare a vedere la partita del Real, forse mi puoi aiutare.” Yo no he pisado Madrid en mi vida, bueno una vez de pequeño. No entiende que no tengo ni puta idea de donde se sitúan los hoteles, que si es fácil llegar al estadio desde ellos, que si donde son las zonas de marcha y que lo que puedo averiguar a través de Google Maps es exactamente lo mismo que puede averiguar él. Pero bueno, éste esta preparando el viaje para dentro de dos meses. Al menos no está desesperado por lo que pasará en las próximas veinticuatro horas como su amigo. Lo único que le preocupa de estas próximas veinticuatro horas son las españolas, que le han dicho que son “calientessss”.

Andrea, el coherente. De entrada el que parecía el más pardillo, empieza a verse un poco más natural, sin el avasallamiento de los otros dos. Me pregunta alguna cosa de aquí, alguna cosa de allá. Qué si las asignaturas son fáciles. Le digo que si espera tirarse el rollo “soy Erasmus, no hablo español” en España con los profesores, va más que jodido. Que empiece a estudiar ya. Pobre. Pero bueno al menos no me atosiga, va soltando preguntas a cuentagotas, porque en realidad se muere de curiosidad, pero es evidente que ha entendido que no me apetece hablar en absoluto.

Total que nos subimos al avión. A mi lado se sienta Andrea. Me hace un par de preguntas más y después me dice que me deja dormir, que se nota que estoy muy cansado. Me quedo dormido, pues la noche anterior estaba despidiéndome de Palermo. Nos bajamos en Barajas. Vamos al restaurante que está al lado de las ventanillas de facturación de Ryanair. Me pido una hamburguesa. Un escándalo el precio, y mucho más escandalosa la relación calidad/precio. Pero tengo mucho hambre. El pesimista prueba su hamburguesa y se echa las manos a la cabeza. ¿Toda la comida es así en España? Menuda mierda de comida. Esperemos que sólo sea en Madrid, ¿porque es sólo en Madrid verdad? ¿en A Coruña se come mejor verdad?. Le digo que evidentemente en Galicia se come mejor, y que también en Madrid se come mejor, pero que lo que se está comiendo él es una puta hamburguesa de aeropuerto. Su amigo Domenico le insiste en que es comida de aeropuerto. Piero no se queda muy convencido, pero se calla por un rato. Luego dice que esa hamburguesa es una mierda y que el pasa de comérsela. Me la como yo, pues anda que no vengo con hambre, entre el cansancio y la resaca. El Andrea, a todo esto callado, se come su hamburguesa sin rechistar, y pasando de sus colegas. Se ve que los conoce de largo. Domenico me habla otra vez de su viaje a Madrid a ver al “Real”, y se interesa de nuevo sobre la calentura de las españolas. Pero que cansino. Facturamos para Santiago. Al menos para esto venían preparados, no tuvieron que hacer demasiados malabarismos con las maletas para no superar los límites de peso del equipaje. Nos subimos al avión, y en una hora llegamos a Santiago.

Salimos del avión. “Minchia che freddo! è sempre così a Galizia? A Coruña fa anche questo freddo? Minchia e piove! Ma piove sempre qua?”. Sí amigo sí, llueve siempre. Hago lo de soltar la bocanada de aire. Corroboro que estamos en Galicia. De hecho lo corroboro yo, las tres personas que llevo por delante, las tres que llevo por detrás, y alguno comenta en alto “joder, sale humo cuando hablo, por fin en Santiago”. Alguno seguro que estaba pensando aquello de “mira mira, parece que estoy fumando”. Vale, era yo el que lo pensaba, pero no lo he dicho, así que nada que reprochar. Recogemos el equipaje, llamo a mi padre y me dice que está llegando. Les acompaño a la parada de taxis. Les digo que porque no hacen noche en Santiago y se cogen el primer tren de la mañana para A Coruña. Prefieren cogerse un taxi hasta a A Coruña, unos 95€.  Me piden que regatee con el taxista. Le digo al taxista que quieren ir por 80€. Al taxista le da la risa y me dice que el precio es ese y punto. Les explico la decisión del taxista y que aquí el regatear se conserva casi únicamente en la lonja. En eso llega mi padre, me despido de ellos y me voy hacia él. Le doy un abrazo, cargamos las maletas en el coche, y nos vamos hasta mi pueblo. Mi pueblo es hacia el sur, por eso no me ofrecí a llevar a mis nuevos colegas italianos, que iban hacia el norte. Me pregunta por el viaje. Le digo que todo bien. En realidad el reencuentro no es muy emotivo, porque hacía dos o tres semanas había pasado unas pequeñas vacaciones de verano en casa.

En una horita nos plantamos en casa. Abrimos la puerta y la primera que llega a saludarme es la perra de mis padres. Se llama Maya. Y como siempre, se mea de alegría cada vez que me ve entrar por esa puerta. Se mea literalmente. La siguiente en aparecer es mi madre, con la fregona en la mano, limpiando las literales meadas de la perra, para que no las extendamos por el resto de la casa. Seguidamente viene mi hermana pequeña para contarme que ha probado tal juego, o que ha leido tal comic, o que ha ido a tal sitio, y que tengo que probarlo, leerlo e ir yo. A ella mi viaje se la trae muy floja. Le digo que su voz chirriante me molesta. Me manda a la mierda. Eso sí que no se la trae tan floja.

Ya he llegado, y ya no volveré a Palermo por mucho tiempo. Pero que coño, me voy a pegar unos días en casa de mis padres comiendo a cuerpo de rey.

Etiquetado , , , , ,

Bienvenidos

Ésta es mi primera entrada. En este blog. Espero que el definitivo.

He estado probando a escribir cosillas que se me pasan por la cabeza, cosillas que me pasan en el día a día, etc. Siempre me cuesta empezar, pero una vez que me pongo no paro. Tengo que empezar a resumir todo lo que me viene a la cabeza, para acortar las entradas y no hacerlas soporíferas, al mismo tiempo que intento ahorrar tiempo para poder dedicarlo a otras cosas. En este proceso pierdo muchos detalles que no quedan reflejados en las entradas. Por lo que estoy buscando un modo diferente de expresarme. No se todavía como continuar, pero sí se que cada vez que escribo me siento más ligero, y por lo tanto debo seguir sí o sí.

Sí me he dado cuenta de que me gusta mucho usar puntos en lugar de comas. Todavía recuerdo las redacciones que nos mandaba mi profesor de Lengua en segundo de la ESO donde estábamos obligados a utilizar únicamente puntos. Me ha marcado. Sin duda un gran profesor, no por lo de los puntos, sino que se hacía respetar como pocos y muy bueno enseñando y evaluando. Un examen de verbos mensual. ¡Qué complicado era conjugar el verbo satisfacer! Y esos exámenes de figuras retóricas. Cada dos meses. Encuentre la figura retórica en la siguiente oración: “La mujer cantaba una monótona nana”. Casi todos caíamos en ésta. Todo lo que sé, o sabía, a la hora de escribir es gracias en gran parte a este profesor.

Qué difícil se ha hecho encontrar un profesor tan competente como éste. Ya los siguientes años de mi educación dejaron mucho que desear. Y no quiero ni hablar de los profesores que imparten clase a mi hermana en la actualidad, también en la ESO. Realmente lamentables. Recuerdo la última lección de ética que le han dado cuando mi hermana le comentó al profesor que, en horario escolar y en el interior del aula, le habían robado los libros de texto. Estos libros de texto no eran de mi hermana, sino que eran los libros que prestaba el estado. Ahora ya no lo hacen. Ahora regalan ordenadores. Bravo. En fin, que el profesor en cuestión le respondió: “Pues ya sabes lo que tienes que hacer, róbaselos tú a otro”. Espero que este mismo profesor no imparta Educación para la ciudadanía.

Pues nada, un saludo a todos los visitantes despistados, y espero que les resulte entretenido leerme.

Etiquetado , , ,
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 69 seguidores